Los yogures, los grandes aliados de tu microbiota intestinal
Independientemente de la preferencia individual por el yogur tradicional, el queso fresco batido o el skyr, estos productos lácteos comparten un beneficio fundamental: su capacidad para favorecer el equilibrio de la microbiota. Estos alimentos, cuya producción a gran escala se consolidó hace casi un siglo, se han convertido en un elemento esencial de la dieta contemporánea. Su consumo habitual no solo contribuye a una digestión saludable, sino que desempeña un papel clave en el mantenimiento de una buena salud a través de su interacción directa con la microbiota.
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Acerca de este artículo
Aunque las leches fermentadas se consumen desde hace milenios —como evidencian los restos de fermentación láctica hallados en vasijas de cerámica que datan de entre el 8000 y el 7000 a.C.—, el avance científico definitivo no ocurrió hasta principios del siglo XX. En esa época, los investigadores Stamen Grigorov y Elie Metchnikoff identificaron una bacteria esencial para la elaboración del yogur 1.
En la actualidad, en la mayor parte del mundo, el término «yogur» hace referencia a una leche fermentada obtenida mediante la acción conjunta de dos bacterias específicas:
- Streptococcus thermophilus
- Lactobacillus bulgaricus
Estos fermentos lácticos actúan en simbiosis y resultan imprescindibles para transformar la leche en yogur mediante el proceso de fermentación. Independientemente de si se elaboran con leche de vaca u oveja, de su presentación —natural o aromatizado, batido o enriquecido con nata—, y más allá de las variaciones en la receta, la textura o incluso la ortografía, todos comparten una raíz etimológica común. El término proviene del vocablo turco «yoğurt», presente en el verbo «yoğurmak», cuyo significado es «espesar». Por su parte, el skyr merece una mención especial. Originario de Noruega e Islandia, se trata de un yogur escurrido, elaborado a partir de leche desnatada y con una textura más densa. Su perfil nutricional resulta especialmente interesante: es bajo en grasas y posee un contenido proteico que prácticamente duplica al de un yogur convencional 2.
Más allá de estas diferencias particulares, todos estos productos comparten beneficios nutricionales que resulta valioso analizar con detalle, con el fin de comprender mejor su impacto positivo en la salud, la digestión y la microbiota.
¿Qué alimentos favorecen el equilibrio de la microbiota?
Favorece la diversidad de la microbiota intestinal
El primer beneficio del yogur reside en su capacidad para modular la población de microorganismos que habitan nuestros intestinos. Las bacterias Streptococcus thermophilus y Lactobacillus bulgaricus actúan como probióticos, contribuyendo a mantener el equilibrio y la riqueza de la microbiota intestinal 3,4. Esta diversidad es un pilar fundamental de una microbiota sana y funcional, lo que garantiza una buena digestión y un sistema inmunitario más eficiente.
No todos los alimentos fermentados son «probióticos».
Para que un alimento fermentado se considere un probiótico, debe contener microorganismos vivos, identificados con exactitud hasta el nivel de cepa y presentes en una cantidad suficiente. Además y sobre todo, estos microorganismos deben generar un beneficio demostrado científicamente mediante estudios clínicos.… El yogur convencional, gracias a sus dos bacterias estrella, cumple con estos criterios y puede llevar la indicación «contiene probióticos».
Fortalece la respuesta inmunitaria
Gracias a su contenido en probióticos, el consumo de yogur contribuye a reforzar las defensas inmunitarias a nivel intestinal. Sus bacterias favorecen el equilibrio de la microbiota, limitan la proliferación de microorganismos patógenos y refuerzan la integridad de la mucosa intestinal. Diversas investigaciones sugieren que estos microorganismos participan en una mejor regulación de la respuesta inmunitaria y en la reducción de la incidencia de ciertas infecciones gastrointestinales. No obstante, es importante señalar que la magnitud de estos efectos depende de varios factores, como la cepa bacteriana específica, el producto consumido y las características de cada individuo 5,6.
Estos datos indican que una ingesta regular podría contribuir a disminuir el riesgo de infecciones gastrointestinales y, en poblaciones de edad avanzada, reducir la incidencia de infecciones respiratorias leves. De hecho, existe evidencia científica que indica que el consumo diario de 90 g de yogur ayuda a activar las defensas inmunitarias del organismo y protegerlo contra las infecciones 7.
Está revolucionando la lucha contra la diabetes
Durante los últimos años, la comunidad científica ha observado una asociación significativa entre el consumo regular de productos lácteos, especialmente yogures naturales (entre 80 y 125 g al día, principalmente de yogur elaborado con leche de vaca), y una reducción en el riesgo de desarrollar diabetes tipo 2. Considerando que, según la Federación Internacional de Diabetes, esta patología afecta actualmente al 11% de la población mundial, estos hallazgos adquieren gran relevancia. La evidencia sugiere que el efecto protector del yogur podría ejercerse a través de la mediación de la microbiota, independientemente del contenido graso del producto 8,9.
Ayuda a combatir los kilos de más
El consumo habitual de yogur se asocia con un incremento de peso menor a largo plazo en comparación con una dieta carente de este alimento 10. Este efecto favorable puede explicarse, en gran medida, por su perfil proteico, que fomenta la saciedad y facilita la regulación del apetito 11.
El yogur es, además, una fuente relevante de calcio, procedente de la leche. Algunos estudios sugieren que este mineral desempeña un papel metabólico relevante: contribuye a modular la microbiota intestinal y a fortalecer la barrera intestinal, limitando así los procesos inflamatorios asociados a la obesidad 12.
Por último, los resultados del estudio PREDIMED indican que existe una correlación entre la ingesta diaria de yogur y una menor incidencia de obesidad abdominal, lo que refuerza la evidencia sobre su impacto positivo en la composición corporal 13.
Lucha contra la intolerancia a la lactosa
El yogur se posiciona como un aliado clave para las personas con intolerancia a la lactosa presente en la leche de vaca. Durante el proceso de fermentación, la bacteria Lactobacillus bulgaricus transforma la lactosa en ácido láctico, un compuesto considerablemente más sencillo de asimilar por el organismo. Este proceso ayuda a reequilibrar el pH intestinal y contribuye a disminuir los síntomas asociados a diversos trastornos digestivos, como el estreñimiento, la distensión abdominal y la diarrea, los cuales suelen ser causa frecuente de dolor abdominal 14,15. ¡Consúmalo sin moderación, su tracto digestivo se lo agradecerá!
Protege la salud cardiovascular
El yogur guarda otro beneficio significativo: contribuye a proteger el sistema cardiovascular a largo plazo. Diversos estudios han observado que el riesgo de desarrollar hipertensión arterial disminuye entre un 10% y un 20% en aquellas personas que consumen entre uno y dos yogures diarios 16. Esta misma tendencia se ha identificado en relación con la prevención del infarto de miocardio y la reducción del riesgo de muerte por accidente cerebrovascular, especialmente en el caso del consumo de yogures elaborados con leche entera 17,18.
La dieta mediterránea, buena para el cuerpo y para el corazón
Ayuda a que nuestros huesos lleguen a viejos
El consumo diario de yogur se asocia con unos huesos más fuertes, al favorecer una mayor densidad mineral (entre un 3% y un 4%) y reducir significativamente el riesgo de padecer osteoporosis, con cifras que alcanzan hasta un 39% menos en mujeres y un 52% en hombres 19. Estos efectos beneficiosos parecen derivar de su aporte equilibrado de calcio y proteínas, a lo que podría sumarse una influencia positiva derivada de su interacción con la microbiota intestinal 20,21.
¿Nos acerca a la inmortalidad?
¿Y si el yogur prolongara nuestra esperanza de vida? El estudio de una mujer centenaria que alcanzó los 117 años reveló una microbiota intestinal sorprendentemente «joven», un factor clave en su buen estado de salud general. El consumo regular de yogur pudo haber favorecido la presencia de bacterias beneficiosas como Bifidobacterium 22.
Más allá de casos aislados, la ciencia confirma que la microbiota es una pieza fundamental en el complejo proceso del envejecimiento, al influir en la respuesta inmunitaria, los procesos inflamatorios y la salud general 23. Sin embargo, todavía falta camino por recorrer para establecer una relación de causa y efecto definitiva entre el yogur y la longevidad. Aun así, siempre queda el consuelo de disfrutar de un buen yogur... ¡por si acaso la ciencia termina dándonos una grata sorpresa!
2. https://www.healthline.com/nutrition/skyr
5. Leeuwendaal, Noortje K., et al. “Fermented Foods, Health and the Gut Microbiome.” Nutrients, vol. 14, no. 7, 2022, p. 1527.
6. Marco, Maria L., et al. “Health Benefits of Fermented Foods: Microbiota and Beyond.” Current Opinion in Biotechnology, vol. 44, 2017, pp. 94–102.
7. Makino, Seiya, et al. “Reducing the Risk of Infection in the Elderly by Dietary Intake of Yoghurt Fermented with Lactobacillus delbrueckii ssp. bulgaricus OLL1073R-1.” British Journal of Nutrition, vol. 104, no. 7, 2010, pp. 998–1006.