La copa menstrual: ¿un beneficio para la salud vaginal ?
Lejos de lo que muchos temen, la copa menstrual no parece disparar ningún riesgo de infecciones genitales. Al contrario, su uso apunta directamente a una menor presencia de vaginosis e infecciones de transmisión sexual (ITS), y a una frecuencia mucho mayor de microbiota vaginal en plena forma.
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Acerca de este artículo
En los últimos años, la copa menstrual se ha ganado por derecho propio un hueco estelar entre los productos de higiene íntima. Se trata de un dispositivo reutilizable, económico y ecológico, disponible en diferentes tamaños para adaptarse a cada necesidad. Y, a diferencia del dispositivo intrauterino, aquí no hay que complicarse con el útero: la copa se queda cómodamente en la vagina, limitándose a recoger la sangre menstrual de forma limpia. Pero claro, al permanecer hasta 12 horas en el interior, surge la gran pregunta: ¿cuál es su impacto real en la higiene menstrual, la microbiota vaginal y el riesgo de infecciones?
Para despejar dudas, una amplia revisión de la literatura médica1—que recopila los resultados de 11 estudios, con más de 10 000 participantes repartidas entre África, Europa, Brasil y Estados Unidos— llega para ofrecernos respuestas de lo más tranquilizadoras.
1 800 millones Cada mes, cerca de 1 800 millones de personas en todo el mundo tienen la regla¹.
65 días De media, la duración anual acumulada de las menstruaciones es de 65 días¹.
No hay más infecciones… ¡e incluso menos!
Primera gran observación: las usuarias de la copa menstrual pueden respirar tranquilas, ya que no se ha registrado ningún aumento en el riesgo de infección. Pero la sorpresa no acaba ahí; de hecho, varios datos apuntan directamente hacia un interesante efecto protector. Por ejemplo, en algunos estudios, las mujeres que optaron por la copa menstrual presentaron un 21% menos de casos de vaginosis bacteriana en comparación con quienes utilizaron productos tradicionales, como tampones o compresas.
Y la tendencia se repite con las infecciones de transmisión sexual (ITS): dos ensayos realizados con jóvenes kenianas revelaron una disminución en el riesgo de ITS entre las usuarias de copas menstruales. Por si fuera poco, los datos sugieren asimismo que el riesgo de contraer el virus del herpes (VHS-2) también podría disminuir, aunque este punto todavía está pendiente de una confirmación definitiva.
18 % En los Estados Unidos, el 18% de las mujeres han declarado que utilizan una copa menstrual¹.
12 horas La copa menstrual puede permanecer en su sitio hasta 12 horas antes de vaciarla, limpiarla meticulosamente y volver a colocarla¹.
Una auténtica aliada para la microbiota vaginal
¿De dónde vienen estos beneficios? Parte de la respuesta podría encontrarse en el efecto protector de la copa menstrual sobre la microbiota vaginal : las usuarias de este dispositivo albergan con mayor frecuencia una flora dominada por Lactobacillus crispatus, una bacteria considerada el santo grial de la buena salud vaginal, ya que actúa como un escudo natural frente a la disbiosis, la vaginosis bacteriana y ciertas ITS. No se notificó ni un solo caso de síndrome de shock tóxico entre las usuarias en los dos estudios que evaluaron esta información.
¿A qué se debe este efecto? Los autores plantean una hipótesis tan simple como lógica: a diferencia de los tampones o las compresas, la copa menstrual recoge la sangre menstrual directamente en la parte superior de la vagina. ¿El resultado? La microbiota está mucho menos expuesta a una sangre rica en hierro, que suele actuar como un auténtico caldo de cultivo para bacterias como Gardnerella vaginalis o Lactobacillus iners, tristemente famosas por desequilibrar la flora vaginal.
Anatomía femenina, microbiota e higiene íntima
Resultados alentadores… pero con prudencia
No obstante, los autores prefieren mantener los pies en la tierra y piden cautela: los estudios disponibles todavía son escasos, abarcan a un número reducido de participantes y su calidad metodológica no siempre es la ideal. Aun así, con el conocimiento que tenemos hoy sobre la mesa, la conclusión es tan clara como reconfortante: la copa menstrual no representa una práctica de riesgo para la microbiota vaginal, sino todo lo contrario.
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