Cuando la precariedad menstrual amenaza el equilibrio vaginal
En las trabajadoras sexuales de Kenia, la precariedad menstrual parece asociada a un desequilibrio de la microbiota vaginal y a la mayor presencia de bacterias patógenas. Los discos menstruales reutilizables podrían ayudar a proteger a estas mujeres.
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Acerca de este artículo
En algunas mujeres muy expuestas a las infecciones de transmisión sexual (ITS), el manejo de la menstruación puede convertirse en un reto de salud…, pero también de supervivencia económica.
Un estudio 1 realizado en Kenia saca a la luz un fenómeno poco documentado: el impacto de la precariedad menstrual sobre la microbiota vaginal de las trabajadoras sexuales.
Cuando la regla se convierte en un reto económico
En contextos de gran pobreza, las mujeres no tienen acceso a las protecciones menstruales clásicas. En Kenia, el 42 % de las trabajadoras sexuales utilizan soluciones improvisadas para continuar recibiendo clientes durante la regla. Más de 9 trabajadoras sexuales de cada 10 se secan el interior de la vagina con tela, algodón o papel higiénico entre dos clientes.
Prácticas intravaginales consideradas de riesgo
Las prácticas intravaginales consideradas de riesgo evaluadas comprendían:
- el uso de tela, papel o algodón para secarse el interior de la vagina con el fin de eliminar los fluidos entre los clientes;
- la introducción de sustancias en la vagina antes de las relaciones sexuales para conseguir una sensación de sequedad o de estrechez;
- la introducción de sustancias en la vagina para mantener la sequedad durante las menstruaciones;
- la utilización de productos de ducha comerciales;
- la frecuencia de actos de secado intravaginal durante las menstruaciones y fuera de las menstruaciones, y la variación entre estos dos periodos (aumento, disminución o estabilidad).
Una microbiota vaginal más frágil
En la gran mayoría de estas mujeres (casi 2 de cada 3), la microbiota vaginal es diversificada, por lo tanto, menos protectora en comparación con los perfiles en los que reinan los lactobacilos. Esta microbiota se asocia a un riesgo más elevado de infecciones. En las 407 mujeres seguidas en este estudio:
- el 24,7 % había contraído el VIH,
- el 42,2 % presentaba una vaginosis bacteriana
- y el 21,9 % padecía clamidiasis, gonorrea o tricomoniasis,
- solo el 20 % no presentaba ninguna infección.
En cambio, las microbiotas ampliamente dominadas por lactobacilos protectores, sobre todo Lactobacillus crispatus (CST-I), más raras en estas mujeres, se asociaban a una mejor salud vaginal y a menos ITS o vaginosis bacteriana.
30,7 % La prevalencia del VIH en las trabajadoras sexuales era del 30,7 %, es decir, un riesgo de infección 11,6 veces más elevado que en las mujeres de la población general. ¹
40 % En las 1640 trabajadoras sexuales de Nairobi (Kenia), las relaciones sexuales durante la menstruación eran frecuentes, se referían en el 40 % de ellas. ¹
72 72 millones de mujeres en el mundo tienen que pasar la menstruación sin tener acceso a un lavabo decente. ²
Anatomía femenina, microbiota e higiene íntima
El papel de las protecciones menstruales
El seguimiento de estas trabajadoras sexuales muestra que la utilización de protecciones menstruales inadecuadas parece asociarse a una modificación de la microbiota vaginal e incluso a una disbiosis.
Sin embargo, estos resultados deben interpretarse con prudencia, ya que existen numerosos factores relacionados entre sí —precariedad, número de clientes, condiciones de trabajo— y las diferencias disminuyen cuando se tienen en cuenta estos sesgos.
No obstante, estas tendencias dan mala espina a los investigadores. Sobre todo porque ciertas bacterias patógenas asociadas a la vaginosis bacteriana, como Prevotella bivia o Mobiluncus curtisii, son más frecuentes en las usuarias de protecciones periódicas precarias.
Protecciones menstruales subóptimas
La utilización de protecciones menstruales subóptimas se definía como el empleo, durante las últimas menstruaciones, de cualquier tela, bola de algodón o papel higiénico.
Soluciones todavía en exploración
Ante estas constataciones, los investigadores exploran pistas de intervención. La idea es mejorar el acceso a unas protecciones adecuadas para aumentar la salud vaginal. Entre las soluciones estudiadas, están los discos menstruales flexibles, que pueden llevarse durante las relaciones sexuales y pueden utilizarse durante largo tiempo (hasta 10 años), lo que podría reducir los costes, limitar ciertas prácticas de riesgo y mejorar la comodidad y la higiene íntima de estas mujeres.