¿Presentan algunas mujeres una predisposición a las enfermedades de transmisión sexual (ETS)?
Basándose en los resultados de una serie de estudios epidemiológicos que demostraron una relación entre la vaginosis bacteriana, la candidiasis vulvovaginal, la colonización de la microbiota vaginal por bacterias patógenas y ciertas enfermedades de transmisión sexual (ETS), una investigadora holandesa6 intentó determinar si la microbiota vaginal de ciertas mujeres podía predisponerlas a contraer ETS.
- Descubrir las microbiotas
- Microbiota y trastornos asociados
- Actuar en nuestras microbiotas
-
Publicaciones
- Acerca del Instituto
Área para profesionales sanitarios
Encuentra aquí tu espacio dedicadoen_sources_title
en_sources_text_start en_sources_text_end
Capítulos
Acerca de este artículo
Una microbiota vaginal sana se compone de microorganismos diversos, entre los que suelen predominar los lactobacilos. Sin embargo, los adelantos en la biología molecular han permitido demostrar que los lactobacilos ofrecen un grado de protección variable. Por ejemplo, Lactobacillus crispatus tiene un perfil antiinflamatorio y parece proteger a las mujeres de los gérmenes patógenos. Por el contrario, Lactobacillus iners, al igual que las bacterias patógenas, parece fomentar un desequilibrio de la microbiota vaginal (disbiosis) propicio para la vaginosis bacteriana.
Microbiota, vaginosis y ETS: relaciones peligrosas
Además, la vaginosis, la candidiasis vaginal, la colonización de la microbiota vaginal por patógenos y las ETS comparten numerosos factores biológicos y conductuales que podrían explicar las relaciones que mantienen entre sí. Si bien estrictamente hablando la vaginosis y la candidiasis vaginal no son ETS (ya que pueden ocurrir sin relaciones sexuales), los estudios de Janneke Van de Wijgert muestran que la transmisión por vía sexual de los microorganismos responsables de estas afecciones desempeñan muy probablemente algún papel en su desarrollo. Además, las disbiosis y las vaginosis fragilizan la mucosa vaginal y provocan una inflamación cervicovaginal que favorece la infección por el VIH. El riesgo de contraer infecciones de transmisión sexual depende pues, al menos parcialmente, de la salud de la microbiota vaginal. Las mujeres podrían reducir su riesgo de contraer ETS preservando su flora microbiana. Así pues, los estudios futuros deberán centrarse en determinar de qué forma expone la microbiota vaginal a una mujer a un riesgo elevado de ETS, lo que mejorará la detección y el tratamiento, en particular mediante la administración de probióticos locales.