Autismo: el intestino al mando

El intestino a menudo se considera como nuestro segundo cerebro. Y con razón, porque está íntimamente relacionado con el primero. La calidad de la microbiota intestinal, barómetro de nuestro estado de ánimo, nuestro comportamiento e incluso de nuestra salud mental, interviene en la intensidad de los síntomas de ciertas enfermedades neurobiológicas, como los trastornos autistas.

Fecha de publicación 20 Abril 2021
Fecha de actualización 06 Mayo 2024
Actu GP : Autisme : quand l’intestin fait la pluie et le beau temps

Acerca de este artículo

Fecha de publicación 20 Abril 2021
Fecha de actualización 06 Mayo 2024

¿Cómo explicar los «TEA», los trastornos del espectro autista? Esta pregunta interesa a la comunidad científica desde hace decenios. El intestino, aunque no lo explica todo sobre el origen de esta enfermedad que se caracteriza por dificultades en la socialización, la comunicación y también por trastornos obsesivo-compulsivos (TOC), podría ser uno de los elementos de la respuesta. Especialmente los miles de millones de bacterias y otros microorganismos que lo pueblan… para lo bueno y para lo malo...

Una amistad peligrosa: trastornos intestinales y TEA

Desde que se describió este trastorno en 1943, se ha identificado toda una lista de síntomas asociados a los TEA. Entre otros, los trastornos intestinales (diarrea, estreñimiento, colon irritable...) forman parte de las alteraciones físicas más comunes. Los niños con TEA padecen 3 o 4 veces más alteraciones gastrointestinales. La severidad del autismo con frecuencia corre pareja con los trastornos intestinales más severos, y viceversa. A modo de confirmación, los investigadores incluso demostraron que, al tratar los trastornos gastrointestinales, el paciente autista mejoraba su comportamiento. Así que se interesaron en los mecanismos que se ocultan detrás de estos trastornos gastrointestinales y observaron más de cerca la microbiota intestinal.

¿Una microbiota que se las da de cerebro?

Primer hallazgo: los pacientes autistas presentan a menudo una flora intestinal alterada (disbiosis): pobre en bacterias beneficiosas y más rica en microbios implicados en ciertos trastornos intestinales (diarrea, estreñimiento...). Estos microbios no se limitan a trastornar el intestino sino que producen moléculas llamadas «señales», utilizadas por el intestino y el cerebro para comunicarse. En definitiva, estas moléculas, producidas en cantidades excesivas, podrían desequilibrar la comunicación y producir los trastornos del comportamiento que se observan en los TEA.

¿Un intestino con más agujeros que un colador?

Segundo hallazgo: la barrera intestinal ya no desempeña su papel, el de impedir que los microbios, los alergenos y otras moléculas extrañas entren en la sangre. Consecuencia: una activación del sistema inmunitario que da lugar a reacciones inflamatorias. De hecho, numerosos pacientes autistas presentan permeabilidad intestinal, inflamación intestinal y neuronal, además de trastornos intestinales asociados a una respuesta exacerbada al estrés. Aunque estos datos confirman la existencia de una relación estrecha entre el intestino y el cerebro en los TEA, no deja de ser cierto que los mecanismos por los que los trastornos gastrointestinales contribuyen a los TEA todavía son muy complejos. Se necesitan investigaciones complementarias para identificar estrategias terapéuticas capaces de tratar estos problemas intestinales y mejorar la calidad de vida de los pacientes.

Old sources

Bibliografia:

Bjørklund G, Pivina L, Dadar M, et al. Gastrointestinal alterations in autism spectrum disorder: What do we know? Neurosci Biobehav Rev. 2020 Nov;118:111-120. doi: 10.1016/j.neubiorev.2020.06.033. Epub 2020 Jul 1.

    Véase también