La guardería, plataforma de intercambio de microbiota
Durante el primer año de guardería, la transmisión de microbiota es particularmente intensa entre los bebés, lo que tiende a indicar que las interacciones sociales durante la primera infancia son factores clave en el desarrollo de la microbiota intestinal infantil
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Acerca de este artículo
La microbiota del bebé se va construyendo progresivamente tras el nacimiento. Si bien la madre representa la principal fuente de microorganismos, no es la única ni mucho menos.
Para evaluar el papel de las interacciones sociales tempranas, especialmente en la guardería, un equipo de investigadores realizó un estudio metagenómico longitudinal 1, denominado microTOUCH-baby, en tres guarderías públicas de la ciudad de Trento en Italia. En este estudio participaron 43 bebés, 7 de sus hermanos y hermanas, 39 madres y 30 padres, 5 mascotas que vivían en el hogar y 10 miembros del personal de la guardería.
La colonización microbiana es un factor determinante de la salud durante los primeros 1000 días de vida
La guardería, encrucijada de transmisiones
Al ingresar en la guardería —en torno a los 10 meses de edad, en promedio—, la microbiota del lactante aún está condicionada por la de la madre y el padre y presenta diferencias notables respecto a la de los adultos. La presencia de hermanos y hermanas en el hogar constituye una fuente de enriquecimiento. Por el contrario, la influencia de las prácticas obstétricas (vía de parto, tratamiento periparto con antibióticos) sobre la diversidad microbiana deja de ser estadísticamente significativa a esta edad.
La transmisión de microbiota entre los bebés comienza desde el primer mes de guardería. Se identificaron ocho cepas con una propagación altamente eficaz: presentes inicialmente en apenas un bebé, al cabo de unos meses ya se detectaban en más de la mitad del grupo.
Después de tres meses de estancia en la guardería, se observó una convergencia en la microbiota intestinal de los lactantes: la diversidad interindividual se redujo un 7% durante el primer trimestre y la proporción de cepas adquiridas de los compañeros de guardería (28,4%) llegó a superar significativamente a la de origen familiar (20,0%).
En total, el estudio identificó más de 565 000 casos de transmisión de cepas en 15 meses, con cadenas de transmisión complejas. Las mascotas también transmiten cepas a los bebés, aunque en menor medida.
Factores que influyen en la adquisición
Como era de esperar, el tratamiento con antibióticos es el factor determinante en la transmisión al reducir la persistencia de las cepas existentes y favorecer una colonización masiva de nuevas cepas, fenómeno que es más pronunciado en bebés que en adultos. Este contexto de exposición en la guardería podría contribuir a la rápida recuperación de la diversidad microbiana después del tratamiento.
Los bebés con hermanos adquieren significativamente menos cepas en la guardería que los hijos únicos. La adquisición temprana a través de los hermanos podría «saturar» la capacidad de adquisición de nuevas cepas.
Por último, algunas especies —como la beneficiosa Bifidobacterium longum subsp. infantis, característica de lactantes amamantados— se transmitieron exclusivamente entre los bebés del estudio. Entre las demás especies con alta capacidad de transmisión destacan las bacterias degradadoras de fibra, lo que sugiere que estos intercambios sociales podrían favorecer el desarrollo saludable de la microbiota.
En conclusión, las interacciones sociales —como las que tienen lugar en la guardería— resultan esenciales para la conformación de la microbiota; según los autores, estas actúan como un «centro de enriquecimiento microbiano» que trasciende el ámbito familiar.