Las manchas blancas del vitiligo podrían comenzar en el intestino
Pensamos que el vitiligo es una enfermedad cutánea. No obstante, en un nuevo estudio se apunta a que esas manchas pálidas podrían comenzar en nuestro interior, en el intestino, donde unas bacterias determinadas producen una molécula que viaja por la sangre y lentamente decolora la piel desde dentro.
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El vitiligo afecta a hasta una de cada 50 personas en todo el mundo. Se presenta como manchas pálidas y despigmentadas en las que los melanocitos, las células que producen el pigmento cutáneo, están desactivadas o muertas. Durante décadas, los dermatólogos se han centrado en calmar la propia piel, con cremas de corticoesteroides, lámparas de luz ultravioleta y, cada vez más, el láser. Pero las manchas suelen volver. Un equipo de investigación chino 1 sospechaba que el origen del problema podría encontrarse en un lugar completamente distinto: el intestino.
Vitiligo
Una afección cutánea crónica en la que el sistema inmunitario del propio organismo se vuelve en contra de los melanocitos, las células que aportan el color a la piel, los ojos y el cabello. Al ir desapareciendo los melanocitos, unas manchas blancas van ocupando progresivamente su lugar.
Una señal de larga distancia entre el intestino y la piel
Basándose en un modelo de ratones con vitiligo, el equipo demostró que, cuando se eliminaban las bacterias intestinales del animal con antibióticos, las manchas despigmentadas se reducían y el nivel de estrés oxidativo de la piel, un tipo de oxidación celular que daña los melanocitos, se reducía drásticamente.
No obstante, al colocar a distintos grupos de ratones con vitiligo juntos en la misma jaula, de modo que los microorganismos se podían mezclar, los roedores más jóvenes que compartían el espacio con ratones más viejos presentaban peores manchas que los que se mantenían separados. Al parecer, el intestino estaba manejando los hilos discretamente desde muy lejos.
El ácido hipúrico: un mensajero inusual
Los científicos, que revisaron cientos de moléculas en heces, sangre y piel, siempre llegaban al mismo sospechoso: el ácido hipúrico, un pequeño ácido que los microorganismos intestinales ayudan a producir a partir de los compuestos vegetales de los alimentos. En los ratones con vitiligo, el ácido hipúrico se acumulaba en la piel en una concentración de aproximadamente cinco veces la cantidad normal. Además, al inyectárselo a ratones sanos, reproducía el mismo daño químico. Y, lo que es más revelador, cuando los científicos analizaron la sangre de 15 personas con vitiligo activo, vieron que tenían casi el doble de ácido hipúrico que los voluntarios sanos.
0,5% - 2% Vitiligo fecta a aproximadamente entre el 0,5 y el 2 % de la población mundial.
Una barrera porosa y una pista sorprendente para el tratamiento
¿Cómo llegó tanta cantidad de esta molécula intestinal a la piel? Los ratones con vitiligo tenían menos células caliciformes, las pequeñas fábricas que recubren el intestino con moco protector. Al tener una mucosa más fina, al ácido hipúrico le costaba menos entrar en el torrente sanguíneo y dirigirse hacia el exterior, llegando por último a unirse a dos proteínas de las células cutáneas, NOS2 y MAPK14, que intensifican el daño oxidativo.
Pero hay un giro positivo: al alimentar a los ratones con una mezcla de probióticos, la despigmentación se ralentizó de un modo perceptible. Al tratarse de una afección que conlleva un gran desgaste emocional para millones de personas, merece la pena investigar este nuevo enfoque. Es necesario que se demuestre en ensayos con seres humanos, pero los resultados abren una puerta terapéutica para el vitiligo que apenas se ha tocado.
La piel no es una isla. Lo que ocurre en ella puede haberse escrito muy lejos, en un lugar recóndito. Quizás, en el futuro, tratar el vitiligo implique corregir el texto original, no solo la impronta que deja.