El aire que respiramos nos cambia el microbioma bucal
Siempre pensamos en la contaminación como algo que nos daña los pulmones. No obstante, en un nuevo estudio se apunta a que el ozono primero reestructura la comunidad de diminutos microorganismos que habitan en la boca, y que esas bacterias orales podrían estar afectando discretamente a la capacidad para respirar bien.
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La boca alberga cientos de especies de bacterias, una bulliciosa ciudad invisible que no solo nos surte de un aliento fresco. También moldea cómo reacciona nuestro sistema inmunitario y, puesto que la boca es la entrada de las vías respiratorias, afecta además a los pulmones, que se encuentran justo debajo. Los investigadores chinos 1 querían saber qué pasa en esa ciudad cuando el ozono, el virulento contaminante iluminado por el sol que se eleva sobre nosotros en el cielo urbano, se desliza a nuestro interior.
Dos horas de ozono y todo cambia
Veintinueve adultos jóvenes y sanos pasaron dos horas dentro de una cámara sellada respirando aire filtrado o aire con una concentración de ozono similar a la de un día de verano con bastante esmog. Dos semanas después, cambiaron.
Nadie sabía qué tipo de aire estaban respirando. La diferencia les sorprendió: tras la sesión con ozono, la capacidad pulmonar se reducía considerablemente, el volumen de aire que los participantes podían exhalar con esfuerzo se reducía aproximadamente un 12 % y la velocidad de dicha exhalación, un 14 %.
No se trata de una idea abstracta, sino que se corresponde con la sensación de subir escaleras y darnos cuenta, por primera vez, de que estamos contando los escalones.
Ozono
Un gas reactivo invisible que se forma cuando la luz solar incide sobre las emisiones industriales y de los vehículos. En la parte superior de la atmósfera, nos protege de los rayos ultravioleta; abajo, en las calles, se vuelve un contaminante irritante que puede entrar en la boca y los pulmones y causar daños.
La clave está en la boca
Después de este experimento, los científicos tomaron muestras del interior de las mejillas y la garganta. El ozono había reducido la comunidad microbiana bucal en más de una quinta parte; algunas especies habían desaparecido totalmente tras una única exposición.
La cantidad de una bacteria, llamada Treponema medium, aumentó más del doble y destacó como la huella más evidente del daño causado por el ozono. Este aumento de concentración iba bastante paralelo a la disminución de la capacidad para respirar, lo que indicaría que la boca no es solo un lugar de paso, sino que es un mensajero que lleva señales de la contaminación hasta los pulmones.
Microbioma bucal
La comunidad viva de bacterias, hongos y virus que recubre el interior de las mejillas, las encías, la lengua y la garganta. Lejos de ser huéspedes no deseados, ayudan a moldear nuestra inmunidad y se encuentran en la entrada de los pulmones, motivo por el cual los cambios que padecen pueden propagarse hasta la respiración.
Por qué afecta más a los hombres
Curiosamente, los hombres que participaron en el ensayo se vieron más afectados.
Mientras que su puntuación con respecto a la respiración cayó, la de las mujeres apenas se movió. Además, sus microorganismos bucales también cambiaron más drásticamente.
Aún se están buscando las causas, pero, según ciertos estudios en animales, una conexión inmunitaria específica de cada sexo podría provocar una mayor reacción de las vías respiratorias masculinas frente a los gases oxidantes.
No obstante, puesto que el subgrupo de mujeres era más pequeño, es necesario confirmar estas diferencias en función del sexo.
Que no cunda pánico; esto simplemente nos aporta otra perspectiva. El aire que no vemos se comunica con los microorganismos que no sentimos, y esa comunicación afecta a nuestra respiración.