FIV: ¿podría el intestino estar implicado en la implantación?
El embrión tenía buena pinta y la transferencia fue según lo previsto, pero, aun así, la prueba dio negativo. Otra vez. Para las mujeres que se enfrentan a fallos repetidos de implantación, unos investigadores italianos han propuesto buscar la causa en un lugar inesperado: el intestino.
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¿Por qué algunos embriones no agarran?
La infertilidad afecta a aproximadamente una de casa seis personas adultas en todo el mundo (17,5 %). Si ha pasado por la FIV, sabe cuántas esperanzas se ponen en cada transferencia embrionaria. Sin embargo, menos de la mitad de los ciclos de fecundación in vitro culminan en un nacimiento, e incluso los embriones con un conjunto de cromosomas normal no logran implantarse en entre el 40 y el 50 % de los casos. Es posible que los médicos hablen de un fallo recurrente de la implantación cuando, tras varias transferencias embrionarias, no se obtiene una prueba de embarazo positiva. El análisis posterior suele fijarse en el embrión, el revestimiento del útero y, más recientemente, la microbiota vaginal. El microbiota intestinal no solía estar en la lista.
Un método de reproducción asistida en el que los óvulos se fecundan en el laboratorio antes de colocar el embrión en el útero. En ese momento, en la transferencia del embrión, comienza la implantación o, muy a menudo, no.
En este estudio, el fallo recurrente de implantación se refería a mujeres que habían sufrido al menos dos transferencias embrionarias infructuosas, lo que justificaba un análisis posterior. Las 20 mujeres del primer grupo del estudio habían pasado por esto, con una media de 2,5 transferencias que no habían agarrado.
Prácticas que ponen en riesgo la microbiota vaginal
Lo que revelaron las bacterias intestinales de 41 mujeres
Un equipo1 de la Universidad de Roma Tor Vergata comparó muestras de heces de 20 mujeres con fallos recurrentes de implantación con las de 21 mujeres que habían parido, todas en torno a los 38 años de edad. En las mujeres cuyas transferencias habían fallado, el ecosistema intestinal era menos diverso. Los Firmicutes, un gran grupo en el que se incluyen bacterias implicadas en el mantenimiento de la salud intestinal, constituían el 52,7 % de sus bacterias intestinales, frente al 65 % en las otras mujeres. Entre las menos abundantes se encontraban las bacterias que convierten la fibra de los alimentos en ácidos grasos de cadena corta, como el butirato. Estas moléculas se alimentan de las células del revestimiento del intestino y lo mantienen sellado, algo similar a lo que hace la lechada entre los azulejos.
Las proteobacterias, un grupo que suele relacionarse con la inflamación, estaban 2,5 veces más presentes (9,1 % frente a 3,6 %). Y lo mismo ocurría con la bacteria Bilophila, capaz de producir ácido sulfhídrico, el cual puede afectar a la capa mucosa protectora del intestino.
Una medición de cuántos tipos distintos de bacterias viven en el intestino de una persona y con qué uniformidad comparten el espacio. Una comunidad variada suele ser más estable y mantener mejor la inflamación bajo control, por lo que la menor diversidad de las mujeres con fallo de implantación llamó la atención.
Pequeñas moléculas, de entre las cuales el butirato es la más conocida, generadas por algunas bacterias intestinales al fermentar la fibra que ingerimos. Alimentan las células que recubren el intestino y ayudan a calmar la inflamación, y varias de las bacterias que las producen se encontraban en menor número en las mujeres cuyas transferencias habían fracasado.
¿Puede influir la microbiota intestinal en la fertilidad?
Los investigadores ven posibles conexiones. Una barrera intestinal más débil podría permitir a los fragmentos bacterianos introducirse en el torrente sanguíneo y contribuir a una inflamación crónica leve, lo que no es ideal para el embrión. Algunas bacterias intestinales, conocidas como el estroboloma, también tienen genes que participan en el metabolismo de los estrógenos y ayudan a reciclarlos. Estas hormonas desempeñan un papel fundamental a la hora de preparar el útero para el embarazo. No obstante, por ahora se trata solo de hipótesis. El estudio es pequeño y muestra una asociación, no una causa, y, puesto que el grupo de comparación había concebido de forma natural, las diferencias podrían reflejar la infertilidad en general, en lugar de la implantación en sí misma.
La capa única de células y la mucosidad que la recubre que separa a los billones de bacterias del intestino del resto del organismo. Cuando se debilita, pueden atravesarla fragmentos de bacterias y promover una inflamación leve.
El conjunto de bacterias intestinales capaces de reactivar los estrógenos que el cuerpo iba a eliminar y ponerlos de nuevo en circulación. En el estudio no se cuantificó, pero es uno de los modos en los que los investigadores creen que el intestino podría comunicarse con el aparato reproductor.
Lo esperanzador es que la microbiota intestinal, al contrario que el útero, se puede analizar con una simple muestra de heces y se puede modificar en relativamente poco tiempo. Ahora es necesario que se lleven a cabo estudios de mayor tamaño para saber si cuidarla puede ayudar a los embriones a implantarse. Hasta entonces, lo mejor es hablar de cualquier cambio con el equipo de fertilidad.
1. La Placa G, Fabozzi G, Pala B, Peluso D, Cimadomo D, Vaiarelli A, et al. Exploring the association between gut microbiota and infertility in women with multiple implantation failures: an exploratory study. Microorganisms. 2026;14(6):1334. doi:10.3390/microorganisms14061334
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